

Es una región muy visitada por
su paisajes, gastronomía, artesanía y tradiciones. Desde el
punto de vista geológico se compone de sierras no muy elevadas con
alturas próximas a los 1700 m en la Peña de Francia.
Su paisaje contrasta con otras zonas de la provincia por su verdor, la abundancia
de bosques, ríos, arroyuelos y verdes praderas, donde puede observarse
una rica vida salvaje y también el famoso cerdo ibérico que,
alimentado de bellotas, sirve de base a la extraordinaria chacinería
de la región. Las pequeñas aldeas, diseminadas por las montañas,
conservan construcciones de gran interés y antigüedad. Algunas
antiguas casas han sido convertidas ahora en talleres artesanos y tiendas
conde se ofrecen los excelentes productos naturales de la zona.
En las fiestas y celebraciones pueden verse los antiguos trajes regionales y danzas y ceremonias que se han mantenido inalterados de generación en generación. Se cree que durante la Reconquista la región fue repoblada por gentes que vinieron con Raimundo de Borgoña desde el Norte, entre ellos francos, astures y vascos. De aquel entonces queda el nombre de Peña de Francia que se da a la máxima altura y muchos nombres propios, topónimos y santos patrones que recuerdan el origen de los repobladores. En resumen, se trata de un paisaje extraordinario salpicado por típicas aldeas habitadas por gentes acogedoras que hacen inolvidable el viaje a la La Sierra de Francia.


